miércoles, 30 de junio de 2010

Reino Unido: 1,3 millones de empleos podrían desaparecer por los recortes en el Reino Unido.

En Cincodias.com

Hasta 1,3 millones de empleos podrían desaparecer en el Reino Unido de aquí a 2015 a consecuencia de los recortes presupuestarios anunciados por el Gobierno del primer ministro, David Cameron.

Así lo indican cifras manejadas por el Ministerio de Finanzas y filtradas al diario The Guardian, según las cuales cada uno de los cinco próximos años podrían eliminarse 120.000 empleos del sector público y 140.000 del privado.

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jueves, 24 de junio de 2010

Reino Unido: El Gobierno británico retrasará a los 66 años la edad de jubilación en 2016

En Cincodias.com

El Gobierno británico retrasará en un año hasta los 66 la edad de jubilación para los varones a partir de 2016, según adelanta hoy la BBC.

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miércoles, 23 de junio de 2010

Reino Unido: Cameron sube el IVA y el impuesto a la renta del capital y crea una tasa bancaria.

En Cincodias.com

Londres anunció ayer un durísimo ajuste fiscal que contempla una nueva subida de 2,5 puntos en el IVA, un nuevo impuesto para la banca y un aumento de hasta 10 puntos en el gravamen sobre los rendimientos del capital. A cambio, el Gobierno conservador-liberal reducirá progresivamente en cuatro puntos el impuesto de sociedades.

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Cameron enseña los dientes
[Editorial de Cinco Días]

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jueves, 17 de junio de 2010

Reino Unido: El Gobierno británico anula proyectos previstos por valor de 2.000 millones

En Cincodias.com

El Gobierno del primer ministro David Cameron anunció hoy que ha anulado una serie de proyectos aprobados por el anterior Ejecutivo laborista desde principios de 2010 con un coste de 2.000 millones de libras (2.392 millones de euros).

La suspensión de estos proyectos, muchos de ellos para impulsar nuevas empresas o programas para desempleados, responde al plan del Gobierno de coalición de recortar el gasto público a fin de reducir el déficit estatal, que asciende a unos 156.000 millones de libras (177.840 millones de euros).

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lunes, 14 de junio de 2010

Reino Unido: Clegg afirma que Londres va a crear un impuesto a los bancos

En Cincodias.com

El viceprimer ministro británico, Nick Clegg, ha asegurado este lunes que el Gobierno británico tiene previsto crear un impuesto a los bancos porque estas entidades "jugaron un papel importante" en la actual crisis económica mundial. En todo caso, precisó, las medidas del Ejecutivo de David Cameron para enjugar el déficit público incidirán más en los gastos que en los ingresos.

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lunes, 7 de junio de 2010

Reino Unido: El primer ministro británico advierte que la deuda de Reino Unido es mayor

En Cincodias.com

El primer ministro británico, David Cameron, advirtió hoy de que el déficit público del Reino Unido está en "peor" situación de lo que se estimaba en un principio, por lo que el problema afectará el "modo de vida" de toda la población.

En un discurso pronunciado ante la prensa en la localidad de Milton Keynes, a las afueras de Londres, Cameron reiteró la difícil situación de las finanzas públicas, ya que el déficit asciende a 156.000 millones de libras (177.840 millones de euros). Acusó al anterior Gobierno del laborista Gordon Brown de gastar de manera "excesiva", y dijo que la actual administración de coalición tendrá que poner las cosas en orden.

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miércoles, 26 de mayo de 2010

Miguel BOYER: La hora del ajuste y de las reformas laborales

En ELPAIS.com

Un contrato indefinido que funcione será imposible sin reducir la indemnización y generalizarlo a todos los que buscan trabajo. Esto reduciría la temporalidad actual y no afectaría a los derechos adquiridos

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Es muy importante en la política económica tener en cuenta lo adecuado para cada fase de una crisis. El año 2009 fue la fase de la caída más fuerte, en todos los países, y estos se esforzaron por poner en juego medidas expansivas, con estímulos presupuestarios y monetarios. Casi nadie había previsto en Europa la profundidad de la crisis y la Comisión Europea, en el otoño de 2008, esperaba variaciones nulas del PIB -no negativas- para Alemania, Francia, Italia y solo -0,2 para España en 2009, cuando la realidad fue muy otra: -4,9; -2,2; -4,8; y -3,6, respectivamente.

El Gobierno español tampoco previó la dimensión de la crisis en 2009, pero esto no puede reprochársele, porque nadie es capaz de prever el instante de un shock, ni la hondura de sus efectos. Sí pecó de sucesivos anuncios optimistas respecto a la salida de la crisis, que, al no cumplirse, desgastaron la confianza en él, más aún de lo que ya desgasta cualquier crisis.

Este error y otros de comunicación con los ciudadanos no impactaron mucho, afortunadamente, en la política económica: el Gobierno "sí hizo los deberes" y desarrolló un paquete de estímulos que, por su dimensión, fue el quinto de la OCDE, tras los de Japón, Estados Unidos, Canadá y Australia. Gracias a ellos, España tuvo la segunda caída menos mala del PIB, tras la francesa. Lo mismo hicieron todos los países, pese a las prédicas de los economistas de escuela hayekiana o rea-ganiana.

Las consecuencias de estos estímulos fueron unos déficits considerables y mayor endeudamiento, por todas partes. Ocurrió en países tan avanzados como Estados Unidos y Reino Unido, con déficit semejante al de España y más endeudamiento que ella.

En el otoño de 2009, el FMI y la OCDE, recomendaron a los Gobiernos mantener los estímulos para reforzar la incipiente recuperación y dejar para años posteriores los fuertes recortes de los déficits. Tanto es así que cuando la ministra Salgado preparó una subida del IVA muchos consideramos que era prematura. El tiempo le ha dado la razón: la desgracia griega, el negocio de los especuladores bajistas y las agencias de calificación, han desatado unas turbulencias financieras que han cambiado el panorama de las políticas económicas, de forma inesperada, en la primavera de 2010. La prioridad absoluta ha pasado, en toda Europa, de mantener estímulos a dar tajos al gasto público, para reducir aceleradamente los déficits.

Y de nuevo, el Gobierno está haciendo los deberes a su tiempo, con las duras medidas aprobadas el 20 de mayo. Quienes hablan de "medidas a destiempo y, por tanto, más duras", yerran. Estas medidas de ajuste no eran las propias para 2009, sino para la inesperada situación actual. Son imprescindibles y tendrán incluso que completarse con otras en el campo laboral.

Las orientaciones y medidas laborales más urgentes en el momento actual son las relativas al salario mínimo, a la negociación salarial y a poder contar con un contrato indefinido, con una indemnización por despido improcedente menor que la actual de 45 días, a comparar con los 30 días en Alemania.

Un salario mínimo demasiado alto, respecto a la remuneración media de los asalariados, tiene las consecuencias de impedir que sean contratadas las personas con menor formación profesional y la de mantener una tasa de paro estructural o mínimo muy alta. Esta es una de las ventajas de Estados Unidos frente a Europa, ya que su paro estructural es del 4,5%, frente a la media europea del 7% y el 10% de España (antes de la actual situación). No es progresista un crecimiento del salario mínimo mayor que el del salario medio, pues hará más difícil la reducción de la enorme bolsa de paro que ha dejado el desplome del ladrillo.

La descentralización de la negociación salarial viene recomendándose desde los años setenta del siglo XX, por la lógica económica que recomienda aproximar los salarios a las situaciones de cada empresa, en vez de a la media nacional. Los máximos representantes sindicales y empresariales deberían considerar el concertar una banda ancha indicativa, y dejar la fijación definitiva a la negociación en cada empresa, sin constricciones de los convenios regionales, de rama, etcétera.

Pero entre todos los problemas de la estructura laboral, el más importante ahora es el de establecer un contrato indefinido que reduzca la temporalidad.

El año pasado escribí un artículo sosteniendo que no era el momento -cuando estaban cayendo en el paro decenas de miles de trabajadores al mes- de plantear por el Gobierno a los sindicatos un nuevo contrato con indemnización reducida, que no iba a mejorar la situación. Hubiera parecido una provocación en una fase en la que no se hacían nuevos contratos, sino despidos. Ahora, esta medida es imprescindible.

La función fundamental de ese nuevo contrato es incentivar que el empleo que se cree sea estable y permita que los trabajadores adquieran una formación profesional, que las empresas se interesen en ellos y que les convenga no despedirlos en tiempos difíciles.

Las reformas laborales de 1984, de 1994 y de 1997 no consiguieron nada semejante. La primera incentivó y flexibi-lizó la contratación, pero al coste tremendo de aumentar la temporalidad: la tasa de temporalidad que era en 1983 del 4%, pasó a ser en 1993 del 33%. La reforma de 1994 intentó reducir la temporalidad, con nuevos contratos de aprendizaje y a tiempo parcial, sin conseguir el objetivo. Y la reforma de 1997, hecha por el PP, intentó de nuevo con un contrato indefinido, para personas entre 18 y 29 años, o de más de 45 años -¿y qué con los de 30 a 45?-, con indemnización de 33 días por año. Esta reforma tampoco varió la alta tasa de temporalidad. Como concluye Julio Segura en una excelente síntesis sobre estos fracasos, ha quedado demostrado que sin una reducción de la indemnización y una generalización a todos los que buscan trabajo será imposible un contrato indefinido que funcione.

¿Por qué es fundamental y necesario ahora ese contrato? A mi juicio, porque sería un pilar básico del cambio de modelo productivo que precisamos. La contracción de la construcción en 5 o 6 puntos del PIB, exige una formación de los trabajadores mucho mejor que la anterior, para nutrir el aparato productivo. Sin esto, la tasa de paro estructural, se mantendrá por encima del 10%. El Gobierno y los sindicatos que, con razón, desean una economía más productiva y con caídas soportables del empleo en tiempos difíciles, tienen una responsabilidad enorme.

¿En qué dañaría, si se respetan los derechos que tienen los trabajadores actuales, que se establezca un nuevo contrato, para asentar una economía de mayor estabilidad y productividad? ¿Cómo va a ser peor una contratación indefinida, aun con menor indemnización por despido, que la situación actual de un 50% de los jóvenes, sin arraigo en las empresas y despedidos cada 6 o 12 meses, o, incluso cada semana?

Un Gobierno puede pagar un coste electoral si afronta sus obligaciones en situaciones críticas, pero su deber y su grandeza es afrontarlas. No es inevitable que sea incomprendido por los ciudadanos. El ajuste y las reestructuraciones que tuvimos que hacer en 1983 y 1984 fueron muy duros y, sin embargo, Felipe González gobernó 12 años más. Una encuesta reciente de EL PAÍS, mostraba que más del 60% de los ciudadanos se quejaban -son humanos- de las medidas presentadas por Rodríguez Zapatero. Y, a renglón seguido, el 60% de ellos quería que la oposición apoyase estas medidas.

Como en la Transición y en las terribles crisis del petróleo quizá sepamos encontrar, en este momento tan difícil suficiente sensatez y solidaridad colectiva para posponer las bregas partidistas y unir las fuerzas para un nuevo gran éxito.

P. S. Después de enviar el anterior texto, he conocido la nota tosca y simplista del director del FMI. Lamento la coincidencia y espero que el señor Strauss-Kahn emplee el mismo tono y estilo cuando se presente a presidente de Francia, asegurándose así un fracaso, para bien de sus conciudadanos.

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José Ignacio TORREBLANCA: 'Hardware' y 'software'

En ELPAIS.com

Los países son como los ordenadores: necesitan tanto unas buenas infraestructuras (el hardware) como personas capacitadas para obtener el máximo rendimiento de ellas (el software). Como cualquier usuario de informática sabe, de nada sirve comprar el último ordenador disponible en el mercado si uno no reserva el suficiente dinero para adquirir los programas informáticos que lo harán funcionar. Pues igual que un ordenador sin programas no es más que una caja tonta, cabe preguntarse si un país que tenga el mayor número de kilómetros de vías de alta velocidad de Europa y, a la vez, más de cuatro millones y medio de parados y un gasto ridículo en innovación y desarrollo, es también una caja tonta.

En el año 2009, España no solo invirtió en infraestructuras el triple que Alemania (1,79% del PIB frente a 0,69%), sino que como hemos conocido por boca del propio Ministro de Fomento, esas inversiones se realizaban sin "el análisis de la previsión de la demanda para valorar la viabilidad económica de las obras o el estudio de las necesidades de mantenimiento".

Así que mientras que el Gobierno se gastaba una parte de los 17.200 millones anuales de presupuesto para infraestructuras en lindezas como una doble entrada de alta velocidad a Galicia o Cantabria, España seguía sin una red pública de educación infantil (0-3 años), contaba con una red de escuelas de Primaria que en su mayoría datan de los años sesenta, soportaba un fracaso escolar del 30% en la Educación Secundaria Obligatoria, disponía de una Formación Profesional víctima de un abandono histórico, no contaba con ninguna de sus 77 universidades entre las primeras 150 del mundo y se conformaba con unos servicios de empleo incapaces de gestionar de forma ágil y flexible el reciclaje formativo de los desempleos para orientarlos a nuevos empleos.

Haría falta un estudio en profundidad para ver cómo y por qué se han asignado las prioridades de gasto en este país, pero el resultado es claro: mucho hardware y poco software (y, por añadidura, poco gasto social).

Cuando en 1986 me matriculé en el último curso de Bachillerato en el instituto público de Hillerød, una pequeña población de unos 30.000 habitantes al norte de Copenhague, mi sorpresa fue mayúscula: en mi instituto danés, además de tener menos de 20 alumnos en clase, se impartían tres idiomas, había piscina cubierta, varios campos de fútbol, aula de teatro y clases de 10 o 12 instrumentos musicales.

Sin embargo, las carreteras danesas eran solo regulares, y sus trenes de cercanías, aunque puntuales, estaban viejos. Cruzar el país era una pesadilla, pues cada pocos kilómetros tenías que meter el coche en un transbordador para cruzar de una isla a otra. Eso sí, la asistencia dental era gratuita para todos los daneses, su sistema de becas fantástico y su red pública de residencias de ancianos sencillamente apabullante.

No he mirado cuál era la renta per cápita de Dinamarca en 1986, pero imagino que no sería muy distinta de la de España hoy en día. Los daneses tardaron bastantes años y dudaron mucho a la hora de construir los grandes puentes que los unen hoy con Escandinavia y con el continente, ya que los costes eran enormes y las prioridades educativas y de bienestar estaban claras.

Hoy siguen siendo uno de los países más ricos del mundo, con mejores niveles educativos y con tasas de paro ridículamente bajas, a la vez que una de las sociedades más igualitarias.

Al otro extremo de Europa, en España, teníamos unas infraestructuras penosas que era necesario modernizar, pues suponían una de las razones de nuestro histórico atraso. Sin embargo, parece que no supimos o no quisimos parar. La airada reacción del presidente de Cantabria ante el anuncio de la suspensión del proyecto del AVE Palencia-Cantabria, advirtiendo al presidente José Luis Rodríguez Zapatero de que los cántabros no tolerarán "la humillación" (sic) de ir a Madrid en alta velocidad pasando por Bilbao, muestra todavía hasta qué punto a este país se le han subido las infraestructuras a la cabeza en detrimento del gasto social o educativo.

Si España quiere tener algún futuro, debería revisar aún más profundamente sus prioridades de gasto y sus actitudes hacia la educación. De lo contrario, seguirá siendo ese país que un ex ministro de Exteriores alemán describió irónicamente como "un precioso país lleno de autopistas vacías". jitorreblanca@ecfr.eu

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domingo, 21 de marzo de 2010

El País: Las verdades y las mentiras del IVA

Las verdades y las mentiras del IVA

Los expertos analizan los efectos de la polémica subida del impuesto

LUCÍA ABELLÁN - Marird - 21/03/2010

La tradicional cuesta de enero tendrá este año una réplica en verano. A las subidas que suelen experimentar los principales bienes y servicios en el arranque del año se sumarán a partir de julio las derivadas del nuevo IVA. La iniciativa parlamentaria del Partido Popular para dejar en suspenso la subida del 16% al 18% ha resucitado esta semana los pronósticos más catastrofistas respecto al impacto de esa medida en una economía aún renqueante. Más allá de la coincidencia en que el aumento del IVA en plena recesión es prematuro, se han esgrimido argumentos -que el consumidor sufrirá íntegramente la acometida fiscal o que la recaudación se resentirá- más atribuibles a la esfera del mito que de los hechos contrastables.

Lo que aglutina a casi todos los expertos es la objeción a los plazos. "El Gobierno tiene razón en subir impuestos, pero todavía estamos saliendo de la recesión; se ha adelantado en exceso", reflexiona Josep Oliver, catedrático de Economía de la Universidad Autónoma de Barcelona. "Como señal, se tenía que haber dejado hasta que hubiera signos de recuperación más explícitos", abunda Emilio Ontiveros, director de Analistas Financieros Internacionales. Es, además, un impuesto regresivo, pues grava igual a todos los ciudadanos, independientemente de sus ingresos. A partir de ahí, los matices se multiplican. Éstos son los principales elementos de reflexión.

- Imagen exterior. El momento de anunciar una subida del IVA ha obedecido más a la necesidad de transmitir una idea de país serio que a la idoneidad económica. Aunque el consumo esté debilitado y el Ejecutivo no logre domar el elevado desequilibrio fiscal (11,4% del PIB), los cambios fiscales tienen destinatarios claros. "Permitir que el déficit continúe en esos niveles sería irresponsable. Podría conducir a la situación de Grecia", advierte Vito Tanzi, uno de los grandes fiscalistas internacionales. El objetivo es que los inversores se crean que España está dispuesta a tomar medidas, aunque resulten impopulares. "A los mercados se les ha vendido que somos un país serio. Dar marcha atrás [en la subida] daría miedo", añade Luis del Amo, gerente del Registro de Economistas Asesores Fiscales.

- El bolsillo del consumidor. Esa mayor carga fiscal no repercutirá íntegramente en el consumidor. Diferentes sectores y empresas están anunciando que asumirán parte del incremento a costa de sus beneficios, por lo que previsiblemente el efecto no será tan brusco. Además, el IVA español tiene algo singular respecto a otros países. Sólo la mitad de la recaudación total proviene de bienes y servicios gravados con el tipo general, es decir, el que aumenta dos puntos. La otra mitad se recauda con los productos que soportan un tipo reducido y superreducido. El primero -se aplica, por ejemplo, a la vivienda nueva- pasa del 7% al 8%. Y el segundo, correspondiente a los alimentos, la prensa o los libros, permanece intacto en el 4%. El impacto, por tanto, distará de ser generalizado.

- ¿Más o menos recaudación? Uno de los argumentos esgrimidos para denostar la subida del IVA ha sido que, lejos de mejorar, los ingresos del Estado pueden menguar al elevar la tributación con la actual atonía del consumo. Pero las experiencias anteriores cuestionan esa afirmación. La subida más cercana en la mente de los ciudadanos es la que se aplicó en enero de 1995. Todos los tipos subieron un punto (el superreducido, del 3% al 4%; el reducido, del 6% al 7%, y el general, del 15% al 16%). Y aunque no mejoró tanto como previó el entonces ministro de Economía, Pedro Solbes, la recaudación avanzó casi un 6%. Cuando sí se resintieron los ingresos fue en 1993, año de recesión. Pero es que entonces, además de subir dos puntos el tipo general en agosto del año anterior, se eliminó el tipo incrementado, que gravaba artículos suntuosos, y se introdujo el superreducido para productos de primera necesidad. En realidad, el impacto global de ese reajuste del IVA fue una bajada efectiva del 10% en el impuesto, según un documento del Instituto de Estudios Fiscales (Método de análisis de la serie de IVA) publicado en 1997. Y la recaudación cayó un 11%, un poco más que el impuesto real.

Con la reforma que entra en vigor en julio, el Gobierno espera lograr 5.150 millones de euros más al año. Esa cifra corresponde a años completos, por lo que no se alcanzará este ejercicio, ya que el nuevo IVA se cobrará a partir de julio. El Ejecutivo ha previsto en sus Presupuestos arañar 1.900 millones más, una cantidad que puede resultar ilusoria si el consumo no despega.

- Gasolina para la inflación. Las anteriores subidas del IVA se produjeron en un contexto de fuertes subidas de precios, la tónica en la historia económica de España. Tanto en 1993, en plena recesión, como en 1995, año en que se asentó la recuperación, avanzaban a ritmos del entorno del 5%. Ahora, la inflación cae mes a mes y en el último año arroja una tímida evolución del 0,8%. El riesgo de un recalentamiento de precios como consecuencia del alza del impuesto es, por tanto, menor que en otras épocas.

El reto de hacer más con menos recursos

España se enfrenta a la peor crisis de su historia con menos herramientas fiscales que en otras épocas. En los últimos 10 años de bonanza económica, antes de que la recesión estallase, el país ha experimentado diferentes reformas fiscales con un solo objetivo: bajar los impuestos a los ciudadanos, una medida que el propio José Luis Rodríguez Zapatero llegó a considerar "de izquierdas". Con la carestía en las cuentas públicas, el Gobierno ha tenido que dar un giro radical a ese discurso promovido tanto por el Partido Popular como por el PSOE. Los datos azuzan: la presión fiscal ha caído casi tres puntos en un solo año, hasta situarse en el 30,4% del PIB en 2009.

Sin derrochar pedagogía aún, el Ejecutivo ha empezado a predicar las bondades de contar con recursos públicos. Tras bajar el IRPF, el impuesto de sociedades y eliminar el de patrimonio, la vicepresidenta y ministra de Economía, Elena Salgado, ha reconocido que quizá fue un error suprimir este último tributo cuando las dentelladas de la crisis eran ya evidentes, como también lo fue inyectar 400 euros del IRPF en el bolsillo de los ciudadanos. El fin de esa medida, impulsar el consumo, no se cumplió, como lo demuestra la evolución que ha experimentado la tasa de ahorro en este periodo. El porcentaje de la renta disponible que los españoles han destinado a la hucha ha subido a un máximo del 18,7%, la mayor cifra al menos desde el año 2000. Eso demuestra que la recuperación depende en gran medida de la confianza en que ésta se produzca.

Otro de los elementos que ayuda al Ejecutivo a defender la subida fiscal reside en la comparación europea. Sólo Luxemburgo y Chipre tienen un tipo general del IVA más bajo que el español, que aun con la subida al 18% seguirá estando por debajo de la media.


martes, 21 de julio de 2009

David Friedman explicando por qué los fallos de mercado no justifican por sí solos la intervención pública


Extraído de "Do We Need a Government?":

This is clearly a failure of some sort -but the examples I have given have nothing to do with markets, so why is it called market failure? A likely answer is that the concept was developed in the context of neo-classical economics. Economists generally assume that individuals are rational, that they take the actions which best serve their objectives. That suggests that if we simply let each person do what he wants, the outcome should be attractive for everyone, a suggestion that can be converted into a formal proof, an efficiency theorem showing that, under some set of simplifying assumptions, the outcome of individual choice in a market system cannot be improved even by a wise and benevolent central planner.
In economic theory, market failure provides the exception to that conclusion -an exception that may arguably swallow the rule. Where one person’s acts impose costs or benefits on others that he has no reason to take account of, individual rationality cannot be expected to lead to group rationality, so there are opportunities for a wise and benevolent central planner -perhaps also for a real world government- to intervene in ways that make everyone better off. So economists are used to viewing the various forms of market failure they have analyzed -the public good problem, externalities, adverse selection -as reasons why free markets, laissez-faire, sometimes fails, hence arguments for government intervention.
They are half right. Market failure is a reason why free markets sometimes fail. But it is also a reason why the alternatives to free markets, the political mechanisms proposed for correcting those failures, fail. In order for government intervention to improve on the market outcome, it is not enough that there is something government could do that would give a better outcome. There must also be a reason to expect government to do it. Putting the point in the language of economics, the incentives of the relevant political actors have to be such that it is in their interest to act in ways that result in the improved outcome.

martes, 18 de noviembre de 2008

Economía Conductual: algunos enlaces

No sé muy bien cómo ha ocurrido pero llevo un rato enredado en la red con el tema de la Economía Conductual (Behavioral Economics) y he encontrado varias cosas interesantes.
  • Mankiw tiene un post en el que se refiere a esta rama de la Economía como “the next hot research topic” (el post es de junio de 2006) y ofrece un enlace a un artículo de Harvard Magazine del que dice que es una buena introducción al tema.
Por cierto: ¡vaya descubrimiento que ha sido esta última web! Su presentación dice:
Edge Foundation, Inc., was established in 1988 as an outgrowth of a group known as The Reality Club. Its informal membership includes of some of the most interesting minds in the world.
The mandate of Edge Foundation is to promote inquiry into and discussion of intellectual, philosophical, artistic, and literary issues, as well as to work for the intellectual and social achievement of society.
Y, efectivamente, parece que los miembros de ese Reality Club son un buen puñado de “cerebros”. Habrá que volver por allí con más tiempo.

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sábado, 15 de noviembre de 2008

David Anisi

Deambulando por el blog de Juan Torres López, me entero (tarde) de la muerte de David Anisi. Una rápida búsqueda con Google me lleva a su obituario en El País, donde leo que murió “el pasado 13 de septiembre, tras muy pocas semanas en lucha serena y lúcida contra el cáncer”. Leo también que nació en 1949, lo que significa que aún no tenía ni 60 años.

No conocí a David Anisi pero algunas de las pocas cosas que creo saber de teoría económica las aprendí en uno de sus libros, Trabajar con red. En ocasiones, la lectura de un libro nos hace conectar con su autor, ya sea por las cosas que dice o por la forma de decirlas. Y es esa misteriosa conexión la que me hace lamentar la muerte de Anisi casi como la podría lamentar uno de sus antiguos alumnos.

También con la ayuda de Google, descubro la página web de Anisi en la Universidad de Salamanca. Mi primera impresión es que se trata de un sitio excelente, obra de un profesor vocacional. Espero que la Universidad de Salamanca tenga el buen gusto de mantenerla para poder volver a ella con detenimiento.

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viernes, 14 de noviembre de 2008

¿Qué es una recesión?

Con la que está cayendo en los últimos meses, es normal que el término “recesión” aparezca cada dos por tres (seis) en los medios de comunicación, donde se la suele identificar con el crecimiento negativo del PIB durante dos o más trimestres consecutivos.

Ignoro a qué oráculo le debemos esta idea de que la caída del PIB sólo se considera recesión si se prolonga por dos o más trimestres consecutivos. De hecho, antes de esta reciente avalancha de referencias periodísticas a la recesión, yo tenía la idea (no sé muy bien por qué) de que la definición “técnica” de recesión hacía alusión a la contracción del PIB durante un mínimo de tres trimestres consecutivos.

Hasta donde yo sé, la teoría económica no ofrece una definición de recesión tan precisa en cuanto a su duración. Lo normal es que se la defina como la fase del ciclo económico durante la cual el PIB decrece. Y en la medida en que el PIB se emplea como un indicador de la actividad económica, la recesión se definiría, de modo aún más vago, como un período durante el cual la actividad económica general se contrae.

De hecho, la National Bureau of Economic Research (NBER) de Estados Unidos define la recesión de esta forma más amplia y no en términos de caída del PIB durante dos trimestres consecutivos:

The NBER does not define a recession in terms of two consecutive quarters of decline in real GDP. Rather, a recession is a significant decline in economic activity spread across the economy, lasting more than a few months, normally visible in real GDP, real income, employment, industrial production, and wholesale-retail sales.

En cualquier caso, no está del todo claro cuáles son los datos que se deberían tener en cuenta a la hora de definir lo que es y lo que no es una recesión. Sobre este asunto, he aquí un interesante artículo, en cuyo antetítulo se adelanta sin ambigüedad la opinión del autor: “La regla habitualmente utilizada de dos trimestres consecutivos de caída del producto interno es tonta”. ¿Se puede ser más claro?


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Nota a pie de post:
En el momento en que escribo estas líneas la Wikipedia en español dice que la NBER “considera recesión cualquier decrecimiento continuado de la actividad económica durante dos o más trimestres consecutivos”. La Wikipedia en inglés, en cambio, cita correctamente la definición de la NBER. Este podría ser un buen momento para hacer mi primera contribución a la Wikipedia, corrigiendo el error. Pero ahora no tengo ganas. Puede que lo haga un día de estos. O no.

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sábado, 8 de noviembre de 2008

Keynesianismo y New Deal

Habitualmente se identifica la política keynesiana con el New Deal de Franklin D. Roosevelt. Por eso me llama la atención lo que dice Krugman en su blog:

"Now, you might say that the incomplete recovery shows that “pump-priming”, Keynesian fiscal policy doesn’t work. Except that the New Deal didn’t pursue Keynesian policies. Properly measured, that is, by using the cyclically adjusted deficit, fiscal policy was only modestly expansionary, at least compared with the depth of the slump."

"FDR [Franklin Delano Roosevelt] might have been more of a Keynesian if Keynesian economics had existed — The General Theory wasn’t published until 1936."

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viernes, 7 de noviembre de 2008

¿Son los economistas gente de fiar?

Leo en el blog de Mankiw la referencia a una entrevista del NYT con James Galbraith (sí, el hijo de su señor padre).

Mankiw destaca una respuesta de Galbraith en la que, refiriéndose al hecho de que sólo diez o doce economistas profesionales previeron la crisis financiera que se nos ha venido encima, dice lo siguiente (en traducción mía y, por tanto, libre como el sol cuando amanece):

"Es un enorme borrón en la reputación de la profesión. Hay miles de economistas. La mayoría de ellos enseña. Y la mayoría de ellos enseña un esquema teórico que ha mostrado ser fundamentalmente inútil."

Obviamente, James Galbraith pertenece a ese grupo de economistas heterodoxos que (citando a Mankiw) "son profundamente escépticos con la economía que se encuentra en la mayoría de los libros de texto".

Esto me recuerda el chiste de El Roto publicado hace unos días en El País:





jueves, 30 de octubre de 2008

Krugman sobre Friedman

El pasado 19 de octubre El País publicó un artículo de Paul Krugman titulado ¿Quién era Milton Friedman?

El artículo original se publicó el 15 de febrero de 2007 en The New York Review of Books.

El 25 de marzo de ese mismo año la revista publicó una carta a los editores, en respuesta al artículo de Krugman, remitida por Anna Schwartz y Edward Nelson. Anna Schwartz es co-autora con Friedman de una obra (A Monetary History of the United States, 1867–1960) a la que Krugman se refiere en su artículo. La carta y la correspondiente réplica de Krugman se encuentran aquí.

Unos días después la revista publicó otra carta de respuesta al artículo de Krugman, remitida por Bertrand Horwitz. Esta segunda carta y la réplica de Krugman se encuentran aquí.

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Actualización: Con la ayuda de Google me entero de que el debate entre Krugman y Schwartz ha tenido su continuación en el Journal of Monetary Economics:

Edward Nelson, Anna J. Schwartz:
The impact of Milton Friedman on modern monetary economics: Setting the record straight on Paul Krugman's “Who was Milton Friedman?”
Journal of Monetary Economics, Volume 55, Issue 4, May 2008, Pages 835-856
(abstract)


Paul Krugman:
Response to Nelson and Schwartz
Journal of Monetary Economics, Volume 55, Issue 4, May 2008, Pages 857-860
(abstract)

Edward Nelson and Anna J. Schwartz:
Rejoinder to Paul Krugman
Journal of Monetary Economics, Volume 55, Issue 4, May 2008, Pages 861-862
(abstract)


[Fulgencio]
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