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viernes, 28 de octubre de 2011

EPA tercer trimestre 2011

Población activa:  23.134.600
Tasa de actividad: 60,11%
Ocupados: 18.156.300
Parados: 4.978.300 
Tasa de paro: 21,52%
Número de hogares con todos sus miembros activos en paro: 1.425.200

Canarias presenta la mayor variación positiva de la ocupación en los últimos 12 meses (11.800 ocupados más).

Canarias:
   Ocupados: 783.600
   Parados: 328.700
   Tasa de actividad: 63,20%
   Tasa de paro: 29,55%

Las Palmas:
   Ocupados: 387.100
   Parados: 179.000
   Tasa de actividad: 63,02%
   Tasa de paro: 31,62%

Santa Cruz de Tenerife:
   Ocupados: 396.500
   Parados: 149.700
   Tasa de actividad: 63,38%
   Tasa de paro: 27,41%

INE (28/10(2011): Nota de prensa. Tablas provinciales.

EL PAÍS (28/10/2011): El paro roza los cinco millones tras marcar un nuevo máximo en verano.

EL PAÍS (29/10/2011): De 2,2 millones a 5: el paro se dobla en la era Zapatero


ANÁLISIS / OPINIÓN

Roger Senserrich en Materias grises (28/10/2011): 21,5%

Jorge Galindo en De lo posible (28/10/2011): Paro por Comunidades Autónomas, o África terminando en los Pirineos

Kiko Llaneras en Entre datos ( 28/10/2011): Gráficas: un paro enorme, creciente y que seguirá creciendo

domingo, 4 de julio de 2010

Paul KRUGMAN: Punishing the Jobless

En NYTimes.com [04/07/2010]

Lo que Krugman viene a decir:

Es cierto que el subsidio de desempleo desincentiva ligeramente la búsqueda de empleo: cuando la economía está en expansión y la falta de personas dispuestas a trabajar está limitando el crecimiento, un subsidio de desempleo generoso puede mantener el empleo por debajo del nivel que tendría en otro caso. Pero actualmente la economía no está en expansión y reducir el subsidio de desempleo sólo aumenta la desesperación de los parados, que no pueden tomar empleos que no existen.

Además, una de las principales razones por las que ahora mismo no hay suficiente empleo es la debilidad de la demanda de consumo. El subsidio de desempleo ayuda a incrementar el gasto de los consumidores, lo que crea empleos rápidamente- a diferencia de lo que ocurre con los grandes proyectos de infraestructura.

También es cierto que extender el subsidio de desempleo empeorará el déficit presupuestario ligeramente. Pero racanear en medio de una depresión económica severa no es la forma de tratar los problemas presupuestarios de largo plazo. Y racanear a costa de los desempleados es tan cruel como equivocado.

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Punishing the Jobless
By PAUL KRUGMAN
Published: July 4, 2010

There was a time when everyone took it for granted that unemployment insurance, which normally terminates after 26 weeks, would be extended in times of persistent joblessness. It was, most people agreed, the decent thing to do.

But that was then. Today, American workers face the worst job market since the Great Depression, with five job seekers for every job opening, with the average spell of unemployment now at 35 weeks. Yet the Senate went home for the holiday weekend without extending benefits. How was that possible?

The answer is that we’re facing a coalition of the heartless, the clueless and the confused. Nothing can be done about the first group, and probably not much about the second. But maybe it’s possible to clear up some of the confusion.

By the heartless, I mean Republicans who have made the cynical calculation that blocking anything President Obama tries to do — including, or perhaps especially, anything that might alleviate the nation’s economic pain — improves their chances in the midterm elections. Don’t pretend to be shocked: you know they’re out there, and make up a large share of the G.O.P. caucus.

By the clueless I mean people like Sharron Angle, the Republican candidate for senator from Nevada, who has repeatedly insisted that the unemployed are deliberately choosing to stay jobless, so that they can keep collecting benefits. A sample remark: “You can make more money on unemployment than you can going down and getting one of those jobs that is an honest job but it doesn’t pay as much. We’ve put in so much entitlement into our government that we really have spoiled our citizenry.”

Now, I don’t have the impression that unemployed Americans are spoiled; desperate seems more like it. One doubts, however, that any amount of evidence could change Ms. Angle’s view of the world — and there are, unfortunately, a lot of people in our political class just like her.

But there are also, one hopes, at least a few political players who are honestly misinformed about what unemployment benefits do — who believe, for example, that Senator Jon Kyl, Republican of Arizona, was making sense when he declared that extending benefits would make unemployment worse, because “continuing to pay people unemployment compensation is a disincentive for them to seek new work.” So let’s talk about why that belief is dead wrong.

Do unemployment benefits reduce the incentive to seek work? Yes: workers receiving unemployment benefits aren’t quite as desperate as workers without benefits, and are likely to be slightly more choosy about accepting new jobs. The operative word here is “slightly”: recent economic research suggests that the effect of unemployment benefits on worker behavior is much weaker than was previously believed. Still, it’s a real effect when the economy is doing well.

But it’s an effect that is completely irrelevant to our current situation. When the economy is booming, and lack of sufficient willing workers is limiting growth, generous unemployment benefits may keep employment lower than it would have been otherwise. But as you may have noticed, right now the economy isn’t booming — again, there are five unemployed workers for every job opening. Cutting off benefits to the unemployed will make them even more desperate for work — but they can’t take jobs that aren’t there.

Wait: there’s more. One main reason there aren’t enough jobs right now is weak consumer demand. Helping the unemployed, by putting money in the pockets of people who badly need it, helps support consumer spending. That’s why the Congressional Budget Office rates aid to the unemployed as a highly cost-effective form of economic stimulus. And unlike, say, large infrastructure projects, aid to the unemployed creates jobs quickly — while allowing that aid to lapse, which is what is happening right now, is a recipe for even weaker job growth, not in the distant future but over the next few months.

But won’t extending unemployment benefits worsen the budget deficit? Yes, slightly — but as I and others have been arguing at length, penny-pinching in the midst of a severely depressed economy is no way to deal with our long-run budget problems. And penny-pinching at the expense of the unemployed is cruel as well as misguided.

So, is there any chance that these arguments will get through? Not, I fear, to Republicans: “It is difficult to get a man to understand something,” said Upton Sinclair, “when his salary” — or, in this case, his hope of retaking Congress — “depends upon his not understanding it.” But there are also centrist Democrats who have bought into the arguments against helping the unemployed. It’s up to them to step back, realize that they have been misled — and do the right thing by passing extended benefits.

sábado, 3 de julio de 2010

España: La Administración central suprimirá 10.600 empleos para ahorrar 250 millones

En Cincodias.com [03/07/2010]

El Gobierno suprimirá 10.600 empleos en la Administración General del Estado hasta 2013, para ahorrar 250 millones de euros en tres años. El Consejo de Ministros aprobó el viernes la reducción del número máximo de vacantes del 8% al 5% a través de la amortización o supresión de estas plazas, que evitará "desviaciones al alza" en los salarios de los empleados públicos. Así lo aseguró la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega tras anunciar también la creación del Observatorio del Empleo Público que servirá para analizar la situación del empleo en las administraciones, su estructura y servicios. El nuevo Observatorio "no acarreará costes adicionales" a las arcas públicas y será un foro de intercambio de información para hacer "más eficiente" la AGE.

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viernes, 2 de julio de 2010

España: El paro bajó en junio por tercer mes consecutivo, con 83.834 parados menos

En Cincodias.com [02/07/2010]

El desempleo registrado en los Servicios Públicos de Empleo bajó en junio por tercer mes consecutivo y registró 83.834 parados menos respecto al mes anterior, lo que situó el número total de desempleados en 3.982.368 (-2,06%).

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España: El número de afiliados a la seguridad social subió en 23.884 en junio

En Cincodias.com [02/07/2010]

Junio ha sido el quinto mes consecutivo en el que se ha producido un incremento de la afiliación, lo que permite en "este año de transición" la recuperación de 948.763 registrados.

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Europa: El desempleo de la zona euro permanece estable y se sitúa en el 10% en mayo

En Cincodias.com [02/07/2010]

El desempleo en la zona euro permaneció estable al situarse en el 10% de la población activa en mayo en comparación con abril, un mes en el que España volvió a ser el país con más paro al registrar el 19,9%.

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España: ¿Efectos de la reforma laboral? Sube la contratación temporal y baja la indefinida

En Cincodias.com [02/07/2010]

La cifra de contratos indefinidos es la más baja de todo lo que llevamos de año, todo lo que contrario que los temporales, que en términos interanuales crecen un 2,73%.

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EE UU destruyó en junio 125.000 empleos netos y su tasa de paro se rebaja hasta el 9,5%

En Cincodias.com [02/07/2010]

Por primera vez en lo que va de año, se registró una destrucción neta de empleo en EE UU aunque la mayor parte de ellos fueron en el sector público ya que el Gobierno despidió a buena parte de la plantilla temporal que había contratado para elaborar las cifras del censo (que se hace cada diez años) y que en meses precedentes había elevado al alza las cifras de contratación.

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miércoles, 26 de mayo de 2010

Miguel BOYER: La hora del ajuste y de las reformas laborales

En ELPAIS.com

Un contrato indefinido que funcione será imposible sin reducir la indemnización y generalizarlo a todos los que buscan trabajo. Esto reduciría la temporalidad actual y no afectaría a los derechos adquiridos

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Es muy importante en la política económica tener en cuenta lo adecuado para cada fase de una crisis. El año 2009 fue la fase de la caída más fuerte, en todos los países, y estos se esforzaron por poner en juego medidas expansivas, con estímulos presupuestarios y monetarios. Casi nadie había previsto en Europa la profundidad de la crisis y la Comisión Europea, en el otoño de 2008, esperaba variaciones nulas del PIB -no negativas- para Alemania, Francia, Italia y solo -0,2 para España en 2009, cuando la realidad fue muy otra: -4,9; -2,2; -4,8; y -3,6, respectivamente.

El Gobierno español tampoco previó la dimensión de la crisis en 2009, pero esto no puede reprochársele, porque nadie es capaz de prever el instante de un shock, ni la hondura de sus efectos. Sí pecó de sucesivos anuncios optimistas respecto a la salida de la crisis, que, al no cumplirse, desgastaron la confianza en él, más aún de lo que ya desgasta cualquier crisis.

Este error y otros de comunicación con los ciudadanos no impactaron mucho, afortunadamente, en la política económica: el Gobierno "sí hizo los deberes" y desarrolló un paquete de estímulos que, por su dimensión, fue el quinto de la OCDE, tras los de Japón, Estados Unidos, Canadá y Australia. Gracias a ellos, España tuvo la segunda caída menos mala del PIB, tras la francesa. Lo mismo hicieron todos los países, pese a las prédicas de los economistas de escuela hayekiana o rea-ganiana.

Las consecuencias de estos estímulos fueron unos déficits considerables y mayor endeudamiento, por todas partes. Ocurrió en países tan avanzados como Estados Unidos y Reino Unido, con déficit semejante al de España y más endeudamiento que ella.

En el otoño de 2009, el FMI y la OCDE, recomendaron a los Gobiernos mantener los estímulos para reforzar la incipiente recuperación y dejar para años posteriores los fuertes recortes de los déficits. Tanto es así que cuando la ministra Salgado preparó una subida del IVA muchos consideramos que era prematura. El tiempo le ha dado la razón: la desgracia griega, el negocio de los especuladores bajistas y las agencias de calificación, han desatado unas turbulencias financieras que han cambiado el panorama de las políticas económicas, de forma inesperada, en la primavera de 2010. La prioridad absoluta ha pasado, en toda Europa, de mantener estímulos a dar tajos al gasto público, para reducir aceleradamente los déficits.

Y de nuevo, el Gobierno está haciendo los deberes a su tiempo, con las duras medidas aprobadas el 20 de mayo. Quienes hablan de "medidas a destiempo y, por tanto, más duras", yerran. Estas medidas de ajuste no eran las propias para 2009, sino para la inesperada situación actual. Son imprescindibles y tendrán incluso que completarse con otras en el campo laboral.

Las orientaciones y medidas laborales más urgentes en el momento actual son las relativas al salario mínimo, a la negociación salarial y a poder contar con un contrato indefinido, con una indemnización por despido improcedente menor que la actual de 45 días, a comparar con los 30 días en Alemania.

Un salario mínimo demasiado alto, respecto a la remuneración media de los asalariados, tiene las consecuencias de impedir que sean contratadas las personas con menor formación profesional y la de mantener una tasa de paro estructural o mínimo muy alta. Esta es una de las ventajas de Estados Unidos frente a Europa, ya que su paro estructural es del 4,5%, frente a la media europea del 7% y el 10% de España (antes de la actual situación). No es progresista un crecimiento del salario mínimo mayor que el del salario medio, pues hará más difícil la reducción de la enorme bolsa de paro que ha dejado el desplome del ladrillo.

La descentralización de la negociación salarial viene recomendándose desde los años setenta del siglo XX, por la lógica económica que recomienda aproximar los salarios a las situaciones de cada empresa, en vez de a la media nacional. Los máximos representantes sindicales y empresariales deberían considerar el concertar una banda ancha indicativa, y dejar la fijación definitiva a la negociación en cada empresa, sin constricciones de los convenios regionales, de rama, etcétera.

Pero entre todos los problemas de la estructura laboral, el más importante ahora es el de establecer un contrato indefinido que reduzca la temporalidad.

El año pasado escribí un artículo sosteniendo que no era el momento -cuando estaban cayendo en el paro decenas de miles de trabajadores al mes- de plantear por el Gobierno a los sindicatos un nuevo contrato con indemnización reducida, que no iba a mejorar la situación. Hubiera parecido una provocación en una fase en la que no se hacían nuevos contratos, sino despidos. Ahora, esta medida es imprescindible.

La función fundamental de ese nuevo contrato es incentivar que el empleo que se cree sea estable y permita que los trabajadores adquieran una formación profesional, que las empresas se interesen en ellos y que les convenga no despedirlos en tiempos difíciles.

Las reformas laborales de 1984, de 1994 y de 1997 no consiguieron nada semejante. La primera incentivó y flexibi-lizó la contratación, pero al coste tremendo de aumentar la temporalidad: la tasa de temporalidad que era en 1983 del 4%, pasó a ser en 1993 del 33%. La reforma de 1994 intentó reducir la temporalidad, con nuevos contratos de aprendizaje y a tiempo parcial, sin conseguir el objetivo. Y la reforma de 1997, hecha por el PP, intentó de nuevo con un contrato indefinido, para personas entre 18 y 29 años, o de más de 45 años -¿y qué con los de 30 a 45?-, con indemnización de 33 días por año. Esta reforma tampoco varió la alta tasa de temporalidad. Como concluye Julio Segura en una excelente síntesis sobre estos fracasos, ha quedado demostrado que sin una reducción de la indemnización y una generalización a todos los que buscan trabajo será imposible un contrato indefinido que funcione.

¿Por qué es fundamental y necesario ahora ese contrato? A mi juicio, porque sería un pilar básico del cambio de modelo productivo que precisamos. La contracción de la construcción en 5 o 6 puntos del PIB, exige una formación de los trabajadores mucho mejor que la anterior, para nutrir el aparato productivo. Sin esto, la tasa de paro estructural, se mantendrá por encima del 10%. El Gobierno y los sindicatos que, con razón, desean una economía más productiva y con caídas soportables del empleo en tiempos difíciles, tienen una responsabilidad enorme.

¿En qué dañaría, si se respetan los derechos que tienen los trabajadores actuales, que se establezca un nuevo contrato, para asentar una economía de mayor estabilidad y productividad? ¿Cómo va a ser peor una contratación indefinida, aun con menor indemnización por despido, que la situación actual de un 50% de los jóvenes, sin arraigo en las empresas y despedidos cada 6 o 12 meses, o, incluso cada semana?

Un Gobierno puede pagar un coste electoral si afronta sus obligaciones en situaciones críticas, pero su deber y su grandeza es afrontarlas. No es inevitable que sea incomprendido por los ciudadanos. El ajuste y las reestructuraciones que tuvimos que hacer en 1983 y 1984 fueron muy duros y, sin embargo, Felipe González gobernó 12 años más. Una encuesta reciente de EL PAÍS, mostraba que más del 60% de los ciudadanos se quejaban -son humanos- de las medidas presentadas por Rodríguez Zapatero. Y, a renglón seguido, el 60% de ellos quería que la oposición apoyase estas medidas.

Como en la Transición y en las terribles crisis del petróleo quizá sepamos encontrar, en este momento tan difícil suficiente sensatez y solidaridad colectiva para posponer las bregas partidistas y unir las fuerzas para un nuevo gran éxito.

P. S. Después de enviar el anterior texto, he conocido la nota tosca y simplista del director del FMI. Lamento la coincidencia y espero que el señor Strauss-Kahn emplee el mismo tono y estilo cuando se presente a presidente de Francia, asegurándose así un fracaso, para bien de sus conciudadanos.

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